July 3, 2009
Leer de todo
Que somos un poco palurdos se puede certificar a diario, pues nuesrtos gustos culturales son como los de ciertos buenos amigos que o les llevas a comer carne, una buena carne, precedida de entradas rezumantes de colesterol, o se sienten que no han comido. Así nos pasa con las lecturas.
Hace unos días publiqué una reseña sobre la serie Ripley de Patricia Highsmith en El cultural, pues tres amigos me han dado la vara, y perdonar la expresión, porque ponía a su autora y a sus libros por las nubes. Les respondí lo mismo que digo aquí: que hay libros que se leen en silencio y con horas por delante, el Quijote digamos, otros en cambio sirven para el avión, las novelas de entretenimiento. No importa que la azafta te diga si quieres un café, que la interrupción no importa. Tu sigues, porque no importa.
Lo que sucece además es que hay novelas de entretemiento que sirven para leer con todos los sentidos puestos en la lectura, como las de Agatha Christie o P. D. James. Te exigen un nivel de conciencia lectorial alto, no puedes ir en piloto automático.
Mi querido maestro Fernando Lázaro Carreter siempre me agradeció por encima de todos los libros que le regalé, primicias de la teoría literaria, recién salidos del horno en USA, la primera novela de la Sra. Highsmith, Extraños en el tren. Desde ese momento, no hubo quien le desenganchara de tan estupendas intrigas.
O sea carnívoros os toca haceros omnívoros